Jueves, 01 de noviembre de 2007
ImagenUNA MUJER
Escrito por Poldy Bird

Una mujer es de sol y de ceniza.
No sabe medir la distancia ni dimensiona bien las cosas.
Todo se est? alejando para ella.
El presente se le vuelve pasado tan vertiginosamente que necesita hablado y afirmado para que se le vuelva tangiblemente realidad.
Por eso una mujer pregunta lo mismo muchas veces: porque s?lo superponiendo las respuestas con la carbonilla indeleble de la repetici?n para que ?stas coincidan, consigue acu?ar una respuesta: monedita que atesora.
Ella es la playa de donde todo parte: el mar, la vida, el diario viaje del hombre y de los hijos.
De ella nace todo ... y no le pertenece nada.
Ella siente que su misi?n es dar: partir el fruto, abrir los p?talos dulces de su corola, y recibir le provoca culpa.
Quisiera ser un puerto de llegada, y es un puerto de paso, de partida.
Es el mundo el que gira loco por sus venas. No lo alcanza, sin embargo, porque est? esperando y tiene miedo de irse y de que no la encuentren.
? y si llegaran cuando yo no estoy?
Una mujer es una vestal que cuida el fuego y guarda los recuerdos.
Nunca ha tenido algo completamente. Hasta su cuerpo es una duda que sangra cada mes, dejando huir un sue?o o un temor o una esperanza ...
Es una orilla que no puede detener el r?o: lo acompa?a en el instante de su paso y ni siquiera sabe si el espejo del agua se ha llevado su imagen.
Por eso una mujer necesita que se le digan todas las palabras del amor. Que se las repitan una y otra vez, as?, al desvanecerse el primer sonido otro nuevo sonido se las entregue, enteras.
y entonces ella ser? la caracola casi m?gica que guardar? en su ?nterior el murmullo del agua del oc?ano.
Una mujer tiene que pedir. Si no pide, se olvidan de darle.
y cuando le dan porque ella pide, recibe con dolor.
Pero no puede prescindir de todo, y aunque pedir la humille, pide, pide, pide Siempre.
y pide mucho para que no dejen de darle un poquitito.
Igual a los perros abandonados en la calle, que responden a cualquier silbido, ella sigue al que la llama con un retacito de ternura.
Le parece que crece con apuro, pero siempre est? igual, desvalida detr?s de su armadura de segura o de indiferente.
Una mujer no sabe perdonar porque no tiene acceso al olvido.
Desde ni?a le han ordenado: "No te olvides", y ella pens? que no ten?a que olvidarse de nada.
y cada dolor est? en ella tan crudo, tan vivo, tan presente, que para aliviarlo tiene que vengarse,
Casi nunca cuenta cu?l es su venganza, porque teme ser castigada.
?La han castigado tanto ya!
Sus venganzas, tontas, sutiles o monstruosas, son su ?nico secreto. No se las confiesa a nadie.
De nada servir?a entregarlas a alguien que las volviera en su contra, como acostumbra a usar en contra de los otros las cosas la gente que las conoce.
Una mujer imagina tan violentamente, que es como si viviera lo que imagina.
Ve cine en el techo de su cuarto y es la protagonista de pel?culas que ninguno sospechar?a.
Tal vez sea ella misma solamente cuando se sue?a, se inventa, se sumerge en ese cine solitario de su pensamiento.
y a veces, ese cine solitario de su pensamiento es el ?nico pensamiento sobre ella que rueda por el mundo ...
Las largas horas de la soledad le han impuesto su t?tulo de solitaria, de so?adora, de inventora, de creadora de irrealidades que son su precaria realidad posible.
?A una mujer qui?n la nombre, qui?n le dice su nombre? Casi nadie.
Podr?a ser cualquier mujer y no ella en el momento m?s hondo del amor, cuando el hombre le dice "amor", le dice "coraz?n", le dice "cielo" ... pero no le dice su nombre, el nombre que la dibuja, que la colorea, que la recorta de las fotograf?as.
Una mujer casi nunca est? entera. Fue haci?ndose de a poquititos y tambi?n se morir? de a poquititos.
Porque una mujer no es una fruta que se desprende de pronto del ?rbol, como los hijos, como los hombres. Es una flor que se va deshojando p?talo a p?talo, avergonz?ndose de su sufrimiento pero acept?ndolo como un rito, como una obligaci?n ineludible o una maldici?n ancestral.
Una mujer est? expuesta y casi siempre en carne viva, cicatrizando.
Tap?ndose las heridas para que no le echen vinagre sobre ellas.
Los hombres no pueden resistir la tentaci?n de echar vinagre en las heridas, y ponen la excusa de intentar curarlas as?. Por eso justifican las luchas, las guerras, las competencias despiadadas y crueles y las tildan de necesarias o beneficiosas ...
Una mujer, aun derrotada, deshecha, desahuciada, arremete igual.
Vuelve a empezar..
Vuelve a repetir los gestos del amor, de la. desolaci?n, de la espera, de la p?rdida, de la despedida, de la credulidad, del asombro.
y repite las mismas preguntas, una vez, mil veces, un mill?n de veces, aunque la respuesta no sea la buscada, la esperada, la necesitada, la que la resucite o la haga brillar como un cocuyo emergido del c?sped mojado del verano, como una lentejuela r?pida del traje de la bailarina.
?y seguir? preguntando incansablemente, insaciablemente. Seguir? preguntando: " ? Me quer?s?" " ? Me quer?s ?" "? Me quer?s?".

Tags: mujer, poldy bird

Publicado por miakayuki2006 @ 17:03  | general
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