Jueves, 29 de enero de 2009

Fic: El príncipe de ojos Grises.

Disclaimer: esta es una historia que se basa en los personajes creados por la adorada J.K. Rowling. Sólo algunos son inventados por mí.

Pareja principal: Lucius Malfoy y Ariadna Bast.

Aclaraciones: Es una historia en un universo alterno. Harry Potter sigue siendo el niño que vivió, Sirius Black es su padrino pero no ha estado en Azkaban, todo lo contrarío, trabaja en el ministerio. He modificado las edades de varios de los personajes, por ejemplo Black y Lupin tienen 30 años y Malfoy 25, esto es para que no halla tanta diferencia de edad entre la pareja protagonista y a su vez esta relacionado con algo de la historia. Por ahora, Severus Snape no tiene previsto aparecer en la historia.
Básicamente se trata de romance, intrigas, drama, lo de siempre, narrada en primera persona por Ariadna.

Aclaración 2: en algunas partes del fic, va a haber un cambio en el narrador.

Advertencia:  Escenas subidas de tono y otra de tortura.

Capítulo 8: Vacaciones en la playa.

Como todos en Hogwarts, el sábado por la mañana, tuve que madrugar para comenzar con las vacaciones. No sabía si tenía que irme en el expreso o si directamente saldría con Sirius. Estas vacaciones, me suenan a que están siendo demasiado improvisadas, ni siquiera supe que tipo de ropa empacar, porque no sé a donde vamos. Por lo que puse mitad y mitad. Los chicos se quedan en el castillo, porque Hermy no quiso irse, esta desesperada por los exámenes y estoy segura que a mi me va a agarrar el ataque cuando falte una semana. Me acompañaron hasta la entrada y allí estaba Sirius.
- ¿Lista, Preciosa?- Me preguntó con una sonrisa encantadora.
- Claro que sí.- Le respondí sonriendo.
- Cuídense mucho padrino.-
- Que se diviertan.- Nos dijo Hermione.
Sirius hizo desaparecer mi equipaje y me sujetó por la cintura para salir del castillo. Cuando me alejaba me di vuelta y vi a Lucius, observándome desde una ventana. Sentí la necesidad de dar media vuelta y correr hacía él, pero sería una estupidez, no puedo pretender que hay algo más entre nosotros que una simple amistad.

Me levanté temprano, solo para torturarme. Subí hasta el primer piso y vi como los alumnos se iban felices a su casa. Espere por un rato, hasta que la vi bajar las escaleras. Black la sujetaba posesivamente por la cintura, señal de lo que probablemente ocurrirá entre ellos, si es que ya no ha ocurrido. Quería gritarle que se quede, que haría cualquier cosa que me pidiera con tal de que no fuera con él. Pero no dije nada. Se dio vuelta y por unos segundos, nuestras miradas se cruzaron, me pareció verla un poco contrariada, pero probablemente solo sea mi imaginación. ¿Por qué habría de querer quedarse conmigo?

- ¿Ya vas a decirme a donde vamos?- Le pregunté.
- No, es una sorpresa.-
- ¿Quieres volverme loca?-
- Solo por mi.- Me respondió sonriéndome pícaramente.
- ¿Cómo vamos a llegar?-
- Nos apareceremos. Ya sé que te mareas, voy a cuidarte.- Se apresuró a decir, al ver mi expresión. - ¿Lista?- Me preguntó cuando salimos fuera de los terrenos del colegio.
- Si no me queda otra.- Le dije. Por eso odio tener que salir, odio las apariciones.
- ¡Ari!- Me dijo alzándome. - No dejaré que te caigas ni te lastimes. Sujétate fuerte y cierra los ojos.-
Si hubiera tenido más fuerza, lo habría ahorcado. Escondí mi rostro en su pecho, sintiendo la horrible sensación, aunque estando entre sus brazos y con los ojos cerrados, el mareo fue mucho menor. Es una lástima que no pueda decirle a Lucius que me alce cuando salimos, me daría demasiada vergüenza.
- Llegamos preciosa.- Me dijo suavemente. Podía sentir una brisa cálida y el sonido del agua. Pero aún no abría los ojos, porque estaba un poco mareada.
- ¿Estas muy mareada?- Me preguntó preocupado.
- Solo un poco. Puedes bajarme, peso mucho.-
Se reía. - No voy a bajarte hasta que estés bien y no vayas a mentirme.-
Me quede un buen rato acurrucada en sus brazos, en parte por el mareo y en parte porque me agrada como me siento estando con él.
- Ya estoy mejor.-
- Entonces abre los ojos.- Abrí los ojos y lo único que podía ver era su rostro. Se lo veía tan feliz de que estuviéramos juntos, que no podía parar de sonreírme. Tengo que reconocer que es demasiado atractivo y no puedo dejar de sentirme un poco atraída por él. Me bajó lentamente y ahí me di cuenta de que el suelo era blando, miré para abajo y noté que estaba parada sobre arena. Observé a nuestro alrededor y vi una hermosa playa de arenas blancas y el color del agua era de un turquesa cristal.
- ¿Dónde estamos?-
- Es una pequeña isla que pertenece a mi familia. Mira hacía allá y podrá ver la mansión Black. Solo tu abuelo y Dumbledore saben que estamos aquí. No tendremos que preocuparnos por nada.- Me dijo. Miré hacía la casa y como era de esperarse, se veía sombría, pintada con colores oscuros de la gama del negro y el gris. Muy típico de la familia de Sirius.
- ¿Alguien más vive aquí?-
- No, solo estamos nosotros dos.-
- Es un lugar muy hermoso.-
- No tanto como tú. Ven, vamos a la casa, tus cosas ya están ahí. Te mostraré el lugar y saldremos de excursión.-
El interior de la mansión, era fresca y agradable. Bueno, bastante agradable si obviamos la decoración. La familia de Sirius, siempre ha tenido predilección por las artes oscuras y las cosas que hay en el lugar, lo confirman. Aún recuerdo el primer día que fui a su casa y vi las cabezas de los elfos colgando de las paredes, me ocasionaron pesadillas durante un mes.
- Lamento la decoración.- Me dijo tomándome de la mano, como si hubiera leído mis pensamientos.
- No te preocupes, ya me acostumbré.-
- ¿No vas a llorar?-
- ¿Llorar? ¿Por qué habría de llorar?-
- ¿No recuerdas el primer día que viniste a Grimauld place?-
- Sí, tenía unos cinco años.-
- ¿Qué recuerdas exactamente de ese día?-
- Qué me dormí en tus brazos.-
- Nunca creí que una niña pudiera llorar tanto. Estabas tan aterrada por las cosas que viste, que pensé que jamás me dejarías acercarme otra vez. Tu abuelo trató de tranquilizarte y no pudo. Remus, que llegó un rato después, tampoco pudo hacer que dejaras de llorar. Me acerqué a ti y te alce, en ese momento me miraste y dejaste de llorar. Te tuve un rato largo en upa, pero cuando traté de bajarte comenzaste a llorar de nuevo. Harry se fue a su habitación porque decía que tu llanto le taladraba los oídos. Al final, te tuve entre mis brazos hasta que te dormiste.-
No lo recordaba de esa forma. - Supongo que pensaste que era una escandalosa.-
- No. Solo me preguntaba porque no llorabas conmigo. A partir de ese día, siempre te hice upa.-
- Ahora estoy un poco grande para ponerme a llorar y pedirte upa.-
- Sí, eso es algo a lo que tuve que ir acostumbrándome. A medida que crecieras, ibas a necesitarme cada día menos y entonces me di cuenta, de lo mucho que te amo y te necesito. No he podido dejar de pensar de que quizás, algún día ya no sea parte de tu vida.-
- ¿Cómo podes decir eso? Sirius, te adoro y siempre serás parte de mi vida.-
Me sonrió y sin previo aviso, me alzo de nuevo.
- Así esta mejor.-
- Se te van a cansar los brazos.-
- Tengo que practicar.-
- ¿Para qué?-
- Para cuando seas la futura señora Black.- Me dijo, no pude evitar abrir los ojos como platos.
- Sirius …-
- Debí ser sincero. Te traje aquí para que tuvieras tiempo de pensar en lo que sientes por mi. Si me amas, nos casaremos en las vacaciones de verano y formaremos una familia. No importa lo que decidas, siempre estaré a tu lado, como tu esposo o como amigos.-
El color de mi cara … ¿Cómo decirlo? Bordo era poco. ¿Soy yo? ¿O Sirius acaba de pedirme matrimonio? Creo que se dio cuenta de que fue demasiado sorpresivo para mi, porque me bajó lentamente y seguimos caminando sin decir nada.
- Esta es tu habitación.-
- ¿Y la tuya?-
- Aquí al lado. No estaré lejos.- Me respondió acariciando suavemente mi rostro. Rozó mis labios con los suyos y nos besamos.
Luego de acomodar nuestras cosas, recorrimos la isla. No es muy grande, pero en el centro hay un lago con una pequeña cascada que la convierte en el mejor lugar del mundo. Hay tantas plantas y flores, que parece una selva tropical. Pasado el mediodía, regresamos a la casa para comer.
- Ve a descansar un rato o explorar la casa, mientras yo cocino.-
- ¿Tú vas a cocinar?- Le pregunté preocupada, digamos que los antecedentes culinarios de él, no son los mejores. Para ser sincera, es un desastre en la cocina, es por eso que en su casa o cocina Harry o su elfo domestico.
- Por supuesto que si.- Me confirmó con su sonrisa más encantadora.
- ¿No quieres que lo haga yo?- No soy una experta, pero por lo menos, lo que cocino resulta comestible.
- No. Eres mi invitada y además, quiero cocinar para ti.-
¿Por qué es tan adorable? - Puedo ayudarte, si quieres.-
- No, estaré bien. Deja trabajar al maestro.- Me respondió con una sonrisa divertida.
Lo dejé solo y me fui rezando para que en realidad llamara a Kreacher y luego diga que lo hizo él. Recorrí la mansión, que es de dos pisos y también tiene un sótano, al que por las dudas no entré.
Puedo imaginarme viviendo el resto de mis días, en este lugar con Sirius. Pero no puedo evitar pensar en Lucius. Al final, no le pude decir a donde íbamos, me preguntó si estará pensando en mi, lo más probable es que no. Aunque en verdad lo quiero, una parte de mi, sigue desconfiando de él. Es la parte que escucha la voz de mi abuelo, diciendo que Malfoy es un mortífago y por lo tanto una mala persona, cruel y desalmada. Sé que en parte es culpa de Lucius, por andar hablando siempre a medias, porque no me dice lo que piensa, en lugar de decir … “Algún día te lo diré.” Odio cuando me hace eso, ¿Sé estará burlando de mi? ¿Será todo un plan para engañarme y usarme? ¿Será algo que le pidió ese sujeto?

Daba vueltas en mi habitación en la Mansión Malfoy, como una fiera enjaulada. Ya han estado juntos medio día, tiempo suficiente para que él … no quiero pensar en eso. No quiero imaginarme a ese sujeto, recorriendo el cuerpo de mi dulce Ariadna, tocándola donde yo jamás podré hacerlo y provocándole oleadas de placer y devorándole la boca. Voy a volverme loco, si sigo pensando en eso. Si supiera a donde fueron, me aparecería por ahí, solo para molestarlo. ¿Será en realidad su prometida?
- ¡Lucius!-
Al parecer ya no tendré que  seguir pensando. - Ardelia.-
- Has vuelto a casa.-
- Es la semana de pascuas.-
- Te tengo durante toda una semana para mi.-
- ¿Alguna noticia?-
- Esta tarde, tienes que ir. Quiere verte.-
- Ardelia … espera, ¿No podemos ir más despacio?- Le pregunté cuando ella ya me había desnudado.
- No, tuve que esperar demasiado. Te deseo.- Me respondió, mientras se arrodillaba para lamer mi erección.

- ¡Ariadna! ¡El almuerzo!- Gritó Sirius desde la planta baja, cortando el hilo de mis pensamientos.
- Voy.- Le respondí y baje al comedor. Todo se encontraba acomodado como si fuera un restaurante, Sirius tenía puesta una servilleta en el brazo y me sostenía la silla esperándome.
- Señorita, por aquí.- Me indicó. - Hoy voy a servirle, la especialidad de la casa.- Me dijo, ayudándome con la silla. Me sirvió la comida y a primera vista, se veía delicioso. Espere a que él se sentara y se sirviera, sonreía como un adolescente enamorado, más o menos, igual a mi, cuando veo a Lucius.
- Vamos Ari, pruébalo.- Me alentó. Tomé un bocado y lo llevé a mi boca, que cierta es la frase “Las apariencias engañan.” el sabor era horrible. Algo me dice que a Sirius se le fue la mano con la sal y que algo no estaba en muy buen estado. Por la carita de ilusión que tenía, solo atine a decir … - Esta rico.-
Se notaba que se había esforzado y no quería desilusionarlo.
- ¿En serio?- Me preguntó con una sonrisa. Luego lo probó y el resultado: Lo escupió. - Esto esta asqueroso, ¿Por qué no me lo dijiste?-
- No quería que te sintieras mal.-
- Ari, por poco y te enveneno.-
- No es para tanto. Solo te hace falta un poquito más de práctica.-
- Llamaré a Kreacher para que nos prepare algo.-
- No. Ven, lo haremos nosotros.- Le dije tomándolo de la mano y llevándolo a la cocina. Con un poco de asesoramiento, la comida estuvo lista y comestible.
Por la tarde, fuimos a nadar al lago. Las cosas con Sirius son como siempre las había imaginado, es tan lindo y dulce, y me hace sentir tan especial, que en verdad me hace pensar que podría casarme con él y ser felices. Al atardecer, fuimos a la playa a ver la puesta del sol, me envolvió con sus brazos y disfrutamos de los tonos anaranjados que se dibujaban en el cielo. Poco a poco, las estrellas fueron apareciendo, y Sirius me daba pequeños besos en el cuello que me hacían estremecer.

Tengo que reconocer que Ardelia me hace olvidar todo. El cansancio que me provoca follar todo el día con ella, me impide pensar. Es una maquina insaciable, apenas terminamos y ella quiere comenzar de nuevo. Tuve suerte, de que el Señor Tenebroso, solo me halla dicho que debo continuar como hasta ahora. Mi única función es servir de distracción a Dumbledore y al resto de la orden, con mi presencia en el castillo. Si supiera lo cerca que estoy de Ariadna, no me cabe la menor duda, de que trataría de utilizarme.
- Lucius, ¿Estas listo?-
- ¿Otra vez? Es medianoche.-
- Te quiero dentro mío.- Me respondió posicionándose sobre mi y frotándose.
- Así no.- Le dije. La obligué a ponerse en cuatro patas y la penetré con todas mis fuerzas, como si fuera una bestia salvaje. Se contorsionaba debajo mió, mientras gritaba de placer. Me es más fácil, estar con ella sin mirarla, porque puedo imaginar que en realidad estoy con Ariadna, aunque a ella, no la tomaría de esta forma. Seguí embistiéndola hasta que me corrí y me derrumbé a su lado.
- Quiero más.- Me exigió subiéndose sobre mi. Esta será una larga noche.

Supongo que me quede dormida y él me trajo hasta la casa, porque cuando desperté me encontraba en mi cama. Ya había amanecido y la casa se encontraba en absoluto silencio, me levanté y me asomé a la habitación de Sirius. Aún dormía a pata ancha, así que cerré la puerta lentamente para no despertarlo. Me di una ducha rápida y bajé para hacer el desayuno. Pensé que sería divertido sorprenderlo y llevárselo a la cama.
- Buenos días.- Le dije entrando en la habitación.
- Arí, buenos días. Huele rico.-
- Es el desayuno.- Le respondí, sentándome en su cama. - ¿Ayer me quedé dormida?-
- Si. No quise despertarte y te traje hasta aquí.-
- Gracias.-
- Podría acostumbrar a todo esto.-
La verdad, es que yo también. - ¿No te aburrirías de tanta tranquilidad? Nunca has sido alguien a quien le guste la vida tranquila.-
- Sí tú estuvieras aquí conmigo, nada más me importaría.- Me respondió. Terminamos de desayunar y dejé la bandeja sobre la mesita de noche.
- ¿Qué haremos hoy?- Le pregunté.
- Todavía es muy temprano. Ven, métete en la cama.- Me dijo. Lo pensé por unos segundos y me metí debajo de las sábanas. Me envolvió con sus brazos y nos quedamos un rato así, escuchando el sonido de las olas en la playa.
Comenzaba a quedarme dormida, cuando empezó a acariciar mi rostro. Me besó tiernamente, al tiempo que se recostaba sobre mi. Podía sentir el peso de su cuerpo sobre el mío y como sus manos se deslizaban por mi anatomía siguiendo las curvas de mis caderas. Me besó en el cuello lentamente, mientras me subía la remera y el corpiño. Se concentró en mis senos, besándolos y succionándolos, haciéndome estremecer por las sensaciones que me provocaba. No pude evitar, que de mi garganta salieran pequeños sonidos, como si fueran jadeos. Tomé su rostro y lo guíe para que nos besáramos y devoró mi boca, hasta dejarme sin aliento. Se quitó la parte superior de su pijama, dejando al descubierto su cuerpo perfecto, con los músculos definidos. Volvió a besarme y a amamantarse en mis pechos. Me aferré a las sábanas y sentí la necesidad de arquear mi cuerpo. Podía sentir la dureza entre sus piernas y como sus caricias se intensificaban, preludio de lo que pasaría si no lo detenía. Pero estaba confundida, no sabía lo que quería. Mi cuerpo lo deseaba, pero mi mente se hallaba dividida entre él y Lucius. Deslizó su mano, por debajo de mis bragas y sabía que debía detenerlo o luego sería demasiado tarde, aún así, me costaba encontrar las palabras.
- Sirius …- Dije con un gemido, mientras él seguía amamantándose en mi pecho derecho, succionándolo y aprisionando la punta entre sus dientes. Sentía como me humedecía entre las piernas, donde él, aún no me había tocado, solo faltaban escasos centímetros para que lo hiciera. Iba a decirle que se detuviera, cuando un ruido desvió nuestra atención. Algo en la planta baja se había roto. Él se tensó inmediatamente y se incorporó, señal de que las cosas no estaban bien. Me acomodé la ropa y traté de seguirlo, cuando me dijo …
- Quédate aquí, iré a ver.-
Un escalofrío corrió por mi cuerpo. Fue una suerte que tuviera la moneda con la que me comunico con los chicos, una de las brillantes ideas de Hermy. Cuando Sirius abrió la puerta y salió al pasillo, un rayo de color violeta lo alcanzó y cayó al suelo. Todo lo que pude hacer es poner S.O.S en la moneda. Apunté mi varita hacía la puerta, pero un expelliarmus me alcanzó y la varita salió disparada hasta la otra punta de la habitación.
Varias sombras se agolparon en la puerta … eran mortífagos, con sus capuchas y sus horribles máscaras. Un par de ellos, arrastraron el cuerpo de Sirius que aún respiraba y lo sujetaron a la pared con cadenas.
- Ven aquí, por las buenas.- Me dijo uno de ellos, con la voz ronca. No tuve otra opción y lo obedecí. Miré a cada uno, tratando de descubrir si Lucius estaba entre ellos.
- ¿Qué quieren?- Les pregunté, tratando de no sonar aterrada. Claro que el temblor de mi cuerpo me delataba.
- No estas en posición de hacer preguntas.- Me dijo otro, cuya voz era amenazante.
- ¡Sirius!- Dije, cuando él recuperó la conciencia. Traté de acercarme, pero uno de esos sujetos me aferró.
- ¡Ariadna! ¡Suéltenla, malditos mal nacidos!-
- Cállate primito, esto recién comienza.- Dijo una mujer de tez oscura y con una mirada desquiciada.
- ¿Bellatrix? Maldita loca, debí saberlo.-
- Shh, o será peor para ella.- Le respondió.
- Déjala ir, no tiene nada que ver en esto.-
- ¿Qué no tiene nada que ver? ¿Crees que no sé quien es? Es Ariadna Bast, la nieta del jefe del departamento de Aurores y uno de los miembros de la orden del fénix. Sin contar, que es la niña a la que tanto amas.-
- Sí la lastimas, haré que te arrepientas.-
- Tus amenazas no me asustan. Nunca has podido proteger a la mujer a la que amas. Tienes muy mala suerte. ¡Crucio!- Dijo la mujer, apuntándome con su varita. Caí al suelo gritando de dolor. Sentía que me trituraban cada hueso de mi cuerpo y me contorsionaba arqueando mi columna, mientras pegaba alaridos que me destrozaban la garganta. Escuchaba a Sirius gritar mi nombre y pedirles que se detuvieran, pero el dolor era cada vez más fuerte y creí que me volvería loca. Cada centímetro de mi piel, se desgarraba, ante el contacto de lo que parecían cuchillos invisibles. Cuando el dolor se detuvo, me encontraba encogida en un charco de sangre, mi sangre, que fluía por todas las heridas de mi cuerpo, la vista comenzó a nublárseme y sentí algo frío enroscándoseme en mis muñecas. Las cadenas me obligaron a levantarme y me aferraron a la pared.
- ¡Ari! ¡Ariadna!- Gritaba Sirius, sin poder ayudarme. Quería decirle algo, pero mi garganta me dolía demasiado y ya no tenía fuerzas.
- Es su turno de divertirse, muchachos.- Dijo la prima de Sirius.
- ¡NO! ¡DEJENLA!- Bramó Sirius, tratando de liberarse de sus cadenas.
Uno de los encapuchados se me acercó, se quitó la máscara y comenzó a lamer una de las heridas que tenía en el cuello, mientras recorría mi cuerpo con sus sucias manos. Se frotó contra mi, al tiempo que terminaba de rasgar lo que quedaba de mi ropa.
- Te haré gozar hasta morir.- Susurró en mi oído. Sabía lo que me ocurriría y probablemente moriría así. Solo deseaba desmayarme antes de que él se introdujera en mi interior.
- ¡Date prisa! No eres el único.- Lo urgió otro de los sujetos. Con una de sus piernas separó las mías, y yo no tenía fuerzas para poder resistirme. Se bajó la bragueta y sacó su erección, cuando estuvo a punto de penetrarme, un rayo verde lo derribó. Todo sucedió muy rápido y al segundo siguiente, me encontraba en los brazos de Tonks, cuyo pelo era de un rojo fuego, escuché el tumulto a sus espaldas, pero ya no podía mantener los ojos abiertos.
- Tranquila peque, estarás bien.- Me dijo Tonks y todo se puso borroso.

Por la mañana temprano, sentí el escozor de la marca al igual que Ardelia. Apenas pudimos vestirnos, antes de aparecernos ante la presencia de nuestro señor.
- Lucius, Ardelia. Bienvenidos.- Nos dijo. - Quiero que todos estén aquí. Hoy conseguiremos una gran victoria.- Agregó y todos aplaudimos.
- Estamos listos, mi señor.- Dijo Bellatrix, besándole la mano.
- Bella querida, eres mi orgullo.-
- Gracias amo.- Le respondió.
- Hoy, el grupo de Bella, marcharán para destruir a Sirius Black.- Sentenció y no pude evitar estremecerme, al pensar en que mi dulce Ariadna esta con él.
- Te traeré su cabeza, mi amo.- Dijo Bella.
- Recuerda traerme a la chica con vida.-
La mirada de Bellatrix, cambió. - Si amo.-
Esperé a que el grupo de Bella se marchara, en cuanto me vi libre de miradas indiscretas, envié un mensaje al Señor Bast:
“Ariadna esta en peligro.” fue todo lo que pude poner. Mientras en mi fuero interno, me debatía por ir a rescatarla. ¿Y si llegaban tarde? ¿Y sí el señor Bast, no recibía mi advertencia?
Tendría que ver como la torturan y la violan, ante mis propios ojos. ¡NO! No podía permitirlo, los detendría o moriría con ella.
El tiempo, transcurría lentamente, hasta que Bellatrix regresó, con menos de la mitad de su grupo.
- Nos atacaron, los aurores llegaron al lugar.- Exclamó Bellatrix.
- Alguien nos ha traicionado.- Dijo Casius.
El señor tenebroso, nos miró a cada uno, evaluando nuestras reacciones.
- ¿Black?-
- Aún sigue con vida.- Respondió Casius.
- ¿La niña?-
- También, aunque esta muy mal herida. Le aplicamos el hechizo cortante, sin el contra maleficio, morirá en pocos días.-
Mi corazón se desbocó al pensar en eso, tengo que ir y curarla. El señor oscuro, tomó su varita y la apuntó al grupo de Bellatrix … -¡Crucio!- Dijo y ellos gritaron de dolor. La tortura se extendió durante toda la tarde, hasta que cayó la noche. El resto debimos quedarnos en el lugar y observar lo que el destino nos depara si le fallamos.

Nota de la autora:

¿Podrá Lucius curar a Ariadna?
¿A quién escogerá Ari? ¿Lu  o Sirus?

Perdón por este capítulo cortito, pero es que escribiendo los fics de Sele y Sevi, me queda poco tiempo para dedicarle a este.

 

 

 


Tags: lucius malfoy, fics, fanfics, drama, romance, amor

Publicado por miakayuki2006 @ 9:19  | el principe de ojos
Comentarios (2)  | Enviar
Comentarios
Publicado por lau snape
S?bado, 07 de febrero de 2009 | 15:22
olaaaaa!! jaja empece con el de sele y sevi y ya m empike a leer todos los demas jaja!!este me esta gustando muxo incluso kisas mas k el de sele, mmm no se... weno espero k lo continues,muxos bsitos y wena semana!!
Publicado por kia malfoy
S?bado, 21 de febrero de 2009 | 18:48
definitivamente..
me esta--gustando..
no k'..
digooo..
me ENKANTOO..!"
de vdd...
es adorable..
hasta prontoo..
bzos..!
Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.