Viernes, 18 de septiembre de 2009


Capítulo 1.

Ángela descansaba con los ojos cerrados y la cabeza tirada hacia atrás, en uno de los bancos de la plaza central. Su día hasta ese momento había sido nefasto, no podía dejar de pensar, que lo mejor habría sido no levantarse de la cama.
El calor era pesado, al igual que la humedad, ni una gota de aire corría y a pesar de estar a la sombra de un enorme árbol se estaba cocinando, o quizás, solo era su cerebro cansado de pensar.
- “No debí haber abierto la boca.”- Pensaba, recriminándose por lo sucedido unos instantes antes.
La joven morocha, se había encontrado con su amiga de toda la vida, a la salida de un café. Nada extraño habría ocurrido si Melisa, no hubiera estado acompañada.
- ¡Angie!- Exclamó su amiga sorprendida al verla, y evidentemente incómoda.
- ¿Meli?- Dijo la morocha y acto seguido, observó al acompañante de su amiga. Un hombre unos años mayor que ellas, elegantemente vestido y si debía ser sincera, era una persona atractiva. - ¿Qué haces con él?- Preguntó bruscamente.
- Angie.- Dijo Melisa, en tono de advertencia. – Solo salimos a tomar un café.-
- ¿Y ya dejó a su esposa por ti? ¿O sigue con el mismo cuento? ¿No te das cuenta que solo te esta usando?- Preguntó la morocha, que no podía contralar su genio y estaba realmente preocupada por la felicidad de su amiga.
- Eso no es asunto suyo, señorita.- Intervino el hombre educadamente, pero a la vez con tono de advertencia.
- No hablo con usted.- Le gruñó Ángela al sujeto.
- Angie este no es el lugar ni el momento para hablar sobre esto. Estoy feliz de esta forma, ¿Por qué no puedes entenderme?- Preguntó su amiga, con los ojos sospechosamente brillosos.
- Porque después soy yo, la que tiene que soportar tu mar de lágrimas, cuando éste.- Dijo, señalando al hombre que la fulminaba con la mirada. – Te rompa el corazón y sinceramente no tengo ganas de hacerlo, luego de que te lo he advertido ciento de veces.-
- Y yo no tengo porque soportar tus escenas de celos. Te molesta que haya encontrado a un hombre bueno y que me quiera.-
- Te equivocas, me molesta que aceptes ser una segundona, un repuesto.- Gruñó Ángela y se mordió el labio, sabía que esta vez, se había ido de lengua.
Melisa tomó la mano de su acompañante y dándole la espalda a su amiga, se marchó sin decir una sola palabra. La castaña la llamó, pero la joven no se dio por aludida. Enfurecida y sin saber como arreglar el desastre que se había mandado, caminó hasta la plaza y se sentó en el primer banco que vio, antes de desquitársela con la primera persona que se cruzara en su camino.
- Una morocha tan hermosa, no debería estar sola en un día como hoy.- Dijo una voz masculina, que la sacó de sus pensamientos.
Ángela abrió los ojos, dispuesta a mandar de paseo a quien se hubiera atrevido a interrumpir sus ideas. Sin embargo, la sonrisa cálida y la mirada compradora del joven que estaba enfrente de ella, la frenó.
- ¿Qué?- Preguntó la joven.
- Es para ti.- Respondió el muchacho, ofreciéndole una bonita flor. – Quizás así, dejes de fruncir el seño. No va con un rostro tan angelical.-
- ¿Acaso eres predicador o algo así?- Preguntó la morocha, sin dejar su tono hostil y sin tomar la flor que le ofrecían.
- Para nada.-
- ¿Entonces eres un acosador?-
El joven río abiertamente, y tuvo el descaro de sentarse a su lado. – No lo soy. Solo me has deslumbrado con tu belleza. Soy Matías.-
- No voy a decirle mi nombre a un desconocido, ni siquiera sé, que estoy haciendo hablando contigo.-
- Ya no somos desconocidos, no para mí. Te he dicho mi nombre.-
- Angela.- Gruñó la joven, sin poder resistirse a esa mirada de cachorrito abandonado.
- Debí imaginarlo.- Dijo con una sonrisa pícara. – Vamos, no muerdo y la flor tampoco.- Agregó, tendiéndole la bonita rosa.
- Gracias.- Dijo la morocha confundida, no era propio de ella hablar con extraños y menos, aceptar cosas.
- Por lo menos, ya no estas frunciendo el seño.-
- ¿Esta es tu buena acción del día?-
- No creo que sea para tanto.-
- ¿Y bien?-
- ¿Qué?-
- ¿Por qué no te marchas?-
- Tengo la esperanza de que aceptes tomar algo conmigo.-
- Ni en tus sueños.-
- Para eso es muy tarde, ya soñé con eso.-
- Acabas de verme, ¿Cómo pudiste soñar con eso?-
- ¿En verdad, no me reconoces?- Preguntó el joven algo dolido. Ángela lo observó atentamente pero estaba segura que jamás en su vida lo había visto.
- Lo siento, no te conozco.-
- Soy el cadete de la empresa donde trabajas.- Aclaró Matías y la joven se sonrojó.
Ángela era una joven muy distraída, que poca atención le prestaba a las personas y para peor, tendía a asociar caras con lugares. Por eso, cuando un compañero de la oficina la saludaba en plena calle o en el supermercado, ella no le respondía o lo hacía tarde. Como si las personas, permanecieran ancladas a un mismo lugar y no pudiera encontrárselas en otros sitios. Ella se moría de vergüenza cada vez que le pasaba eso, más de una vez estuvo hablando en alguna cola con alguien por largo tiempo y luego cuando se despedían recordaba quien era esa persona y de donde la conocía.
-Yo…-
- No importa, debí imaginar que una mujer tan bonita e inteligente como tú, un simple cadete no llamaría tu atención.- Dijo el castaño. – Disculpa las molestias que te he causado.- Agregó y se puso de pie.
- No, espera.- Soltó Ángela atropelladamente. – Lo siento, es que soy muy distraída.-
- Todo esta bien, no te preocupes.- Respondió el muchacho, pero parecía que iba a marcharse.
- Habías dicho algo de tomar algo, acepto la invitación, si es que aún esta la oferta.-
Matías miró a la joven y una sonrisa radiante inundó su rostro. – Por supuesto preciosa, una oferta así jamás se retira.-

 Nota de la autora:

Es algo que he estado escribiendo, entre mis subidas y bajadas de humor. es una historia original mía, espero que les guste
besitos a todas


Tags: amor, romance, drama

Publicado por miakayuki2006 @ 17:10  | fics
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